Los trabajos más recientes de académicos como Larry Diamond, Steven Levitzy y Daniel Ziblatt, y los reportes de organizaciones internacionales como Freedom House, todos dedicados al seguimiento del estado de los regímenes democráticos y libertades fundamentales en el mundo, dan cuenta de un retroceso importante en la calidad de las democracias. La evidencia empírica es irrefutable, independientemente del relativismo con el que liderazgos políticos de distintos colores buscan tratar la crisis que vive este sistema.

Levitzky y Ziblatt (2018) aseguran que aunque los regímenes dictatoriales han desaparecido en gran parte del mundo, las democracias todavía “mueren” por otros medios. El peligro yace en que mientras el fin de una democracia tras un flagrante golpe de Estado es evidente a todos, la descomposición de este sistema político actualmente comienza en muchas ocasiones en las urnas, y el proceso de desmantelamiento incluso puede ser considerado legal al ser aprobado por las legislaturas y las cortes.

Aún ante las evidentes dificultades que esto supone para la sociedad civil global, se puede hacer frente a esta recesión de forma contundente al evolucionar de ciudadanos espectadores a activistas. El último estudio de Freedom House y otras dos organizaciones norteamericanas demuestran que sus sociedades enfrentan problemas muy similares a los que enfrentamos en América Latina cuando se trata de nuestras democracias. Este trabajo concluye resaltando la importancia de contar con una sociedad civil informada e involucrada.

THE DEMOCRACY PROJECT

En medio de la crisis mundial de la democracia liberal, muchos estadounidenses se preguntan qué sigue a este modelo político. La preocupación por el gradual debilitamiento de la democracia en Estados Unidos crece, aún cuando sus ciudadanos siguen comprometidos con la democracia como régimen político. Las organizaciones Freedom House, el George W. Bush Institute y el Penn Biden Center for Diplomacy and Global Engagement se unieron para llevar a cabo un estudio de opinión bipartito denominado The Democracy Project.

Para su implementación, contrataron a dos encuestadoras: una Demócrata y una Republicana. El objetivo principal del estudio fue evaluar la actitud de los estadounidenses hacia los principios e instituciones democráticas a nivel nacional y su opinión sobre el lugar que debe tomar la defensa de la democracia en la política exterior norteamericana. La promoción de la democracia como régimen político ha sido una constante en la política exterior estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial, con una gran variedad de niveles de intensidad y sustancia a través de las décadas.

En específico, uno de los objetivos del proyecto es alentar a las organizaciones de la sociedad civil, activistas y la ciudadanía a que piensen de manera crítica la democracia y que lleven adelante acciones que ayuden a preservar la confianza en los principios democráticos. El estudio concluye que:

  1. La mayoría de los norteamericanos consideran que es importante vivir en democracia, pero también creen que la democracia estadounidense es débil y se está debilitando.
  2. Ciertos grupos que podrían percibir menos beneficios del sistema actual (sobre todo las minorías), están menos convencidos de la importancia de vivir en democracia.
  3. Hay severas frustraciones en torno al racismo y la discriminación, y la influencia del dinero en la política.
  4. La mayoría de los estadounidenses cree que proteger los derechos de individuos y grupos pequeños debe ser una prioridad en la democracia norteamericana.
  5. Los estadounidenses apoyan la idea de que la democracia y los Derechos Humanos deben jugar un rol en la política exterior de su gobierno.
  6. Mensajes relacionados con la pérdida de derechos y libertades clave surten mayor efecto en el público.

La importancia del estudio radica en que para el diseño de su metodología procuraron agrupar a participantes de todos los estratos, razas, edades y preferencias partidarias. En base a los datos obtenidos tras el trabajo, elaboraron sugerencias para las organizaciones y activistas interesados en atacar esta crisis de la confianza en la democracia:

  • Incentivar el activismo: resaltar la necesidad de que la ciudadanía se involucre para promover la democracia: votar, ser voluntarios, etc.
  • Riesgos de la inacción: sin fatalismo, recordar que la inacción puede significar perder libertades y derechos vigentes hoy.
  • Educación cívica: extender el entendimiento público de los principios democráticos. Promover la inclusión de la educación cívica en programas académicos, que incluya la enseñanza de los conceptos básicos de la democracia. En el estudio, los jóvenes fueron los que demostraron menos entusiasmo por la democracia.
  • Experiencias exitosas: contar historias exitosas con frecuencia. En el estudio, los participantes demostraban mayor aprobación por casos específicos de apoyo a la democracia que por conceptos abstractos.

INSATISFACCIÓN CON LA DEMOCRACIA EN LATINOAMÉRICA

En América Latina hoy, hay muchos casos en los que ciertas libertades han sido sacrificadas con el propósito de avanzar otros objetivos. La desconfianza de los ciudadanos en las instituciones democráticas ha fallado gravemente, lo que termina creando escenarios para la irrupción de candidatos anti sistema con la intención de reformar más que políticas públicas fracasadas. Del estudio de Freedom House se pueden rescatar todas las lecciones y recomendaciones, y ponerlas en práctica en la región.

De hecho, el último estudio de Latinobarómetro, el apoyo a la democracia como sistema político cayó en 2017 por quinto año consecutivo a 53% de los 20.000 encuestados a través de 18 países de la región, cuando en 2010 la misma firma publicó que un 61% de los encuestados se mostraba favorable. La conclusión del reporte es la misma que obtiene Freedom House en el estudio que hiciera circunscrito a Estados Unidos: la caída de la democracia es lenta y casi imperceptible.

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Fuente: Latinobarómetro (2017)

En 2017, ante la consulta sobre el nivel de satisfacción hacia la democracia en su país, el 65% confesó no estar satisfecho. Solo el 30% valoró positivamente el funcionamiento del sistema democrático en su país. Estas percepciones indican que estamos en presencia de picos históricos de frustración con respecto a nuestras democracias, y es imperante que desde las organizaciones de la sociedad civil se fomente el debate sobre el tema.

Aunque decepcionados, los ciudadanos no se rinden a la idea de los regímenes autoritarios para traer orden como lo hicieran hace apenas unos años. Entre 2010 y 2011, la preferencia por la democracia cayó de 61% a 58%, y la simpatía por la posibilidad de un régimen autoritario aumentó del 15% al 17% de la muestra de ciudadanos consultados. El año pasado, si bien la tendencia por la preferencia de la democracia es a la baja, también lo es por la de regímenes autoritarios, y ha crecido la cantidad de ciudadanos que se confiesan indiferentes.

En Estados Unidos, según el estudio de Freedom House (2018), considera que su democracia es débil, y que sigue debilitándose actualmente, pero la vasta mayoría del público apoya a la democracia y considera muy importante vivir bajo ese sistema político. Ante la pregunta: «¿qué tan importante es para Ud. Vivir en un país que es gobernado de forma democrática? En una escala del 1-10, donde 1 es ‘no muy importante’ y 10 ‘absolutamente importante’, ¿qué posición escogerías?», el 60% calificó su preferencia con un 10 y un 17% entre 8 y 9, dividiéndose el resto entre 6-7 (7%) y entre 1-5 (12%).

Esto último es clave, porque la crisis de la confianza en la democracia tanto en América Latina como en Estados Unidos parece no trasladarse indefectiblemente a una preferencia por regímenes autoritarios, o «mano dura» para lograr una mejor gestión de los asuntos públicos.

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Fuente: Latinobarómetro (2017)

A pesar de la crisis política en Venezuela, según el último estudio de LAPOP (Latin American Public Opinion Project) de la Universidad de Vanderbilt, el 87% sigue prefiriendo una democracia electoral frente al 13% que piensa que se necesita un «líder fuerte no electo». El apoyo por la democracia ha caído a niveles por debajo del 90%, pero la apuesta por la democracia sigue siendo más fuerte.

La discusión al respecto de estos datos debe ser extensa y consciente de las diferencias entre casos, metodologías y conceptos, pero en líneas generales podemos asegurar que la democracia está en crisis y que antes de que esa frustración se convierta en simpatía por autoritarismos o antipatía absoluta por lo político, la ciudadanía debe encausar esfuerzos para encontrar nuevas y mejores alternativas de participación y fortalecer la democracia.

Organizaciones de la Sociedad Civil que apuestan por el sistema democrático como el único capaz de proveer los escenarios que permitan a los ciudadanos dirimir sus diferencias y defender sus propuestas de país en paz tienen una ardua tarea por delante, para lograr el mejoramiento progresivo de la calidad democrática en todos los países de América Latina.

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