Por Leandro Querido

Director Ejecutivo de Transparencia Electoral

Es de esperar que en el marco de una pandemia la información se agote al impacto de ella en la salud de la población. A medida que algunos países logran achatar sus curvas empiezan a reflexionar acerca de cómo reconstruir la golpeada actividad económica. Salud de la población y economía. Dos temas centrales y profundamente interrelacionados. Ahora, habría que ir agregando un tercer tema que es crucial también: la salud de la democracia. Las elecciones en la democracia son el instrumento de todo sistema político para elegir los cargos de representación. La competencia electoral democrática es un recurso fundamental para reducir los conflictos inherentes a toda actividad social. Con respecto a este punto debemos estar atentos porque se han registrado elecciones muy complicadas en estos últimos meses y porque, además, todo indica que la pandemia podría traer elecciones aún más complicadas.

Hagamos un repaso sobre esto. El último semestre ha sido el más complejo en mucho tiempo en la región. En sólo seis meses hemos tenido: una elección manipulada (Bolivia), una elección extraordinaria (Perú), una elección suspendida (República Dominicana), una elección que no se llevó a cabo (Haití) y una elección sin resultados (Guyana).

Las elecciones generales de Bolivia 2020 se preveían complejas desde el inicio. El presidente Evo Morales había resuelto candidatearse a pesar de que la Constitución se lo impedía y de que la ciudadanía se había manifestado en contra de esta posibilidad mediante un referéndum en 2016. El día de la elección, la interrupción de 23 horas de la transmisión de resultados y el posterior cambio en la tendencia de la votación, que contradecía a tres conteos rápidos independientes, levantó sospechas. Posteriormente, los equipos de la Organización de los Estados Americanos (OEA) detectaron actas adulteradas, así como dos servidores ocultos por donde pasaba información en la infraestructura del Tribunal Electoral. Esta manipulación quirúrgica buscó garantizar un resultado favorable al gobierno fuera cual fuera la voluntad popular. Recientemente el matemático y economista John Newman presentó un minucioso estudio que avala el desempeño de dicha auditoria de la OEA.

El caso haitiano es también muy preocupante porque el pueblo no ha podido expresarse en las urnas. Las elecciones deberían haberse a cabo en noviembre del 2019 para renovar la totalidad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado pero ni siquiera se convocaron.

Respecto de las elecciones congresales extraordinarias de Perú cabe señalar que, aunque se dieron en un escenario políticamente complejo, su resolución fue exitosa. Los comicios fueron convocados en septiembre de 2019 tras la disolución del Congreso decretada por el presidente Martín Vizcarra. Este conflicto entre poderes, que generó una gran tensión sobre el sistema político en su conjunto, fue resuelto recurriendo al poder judicial, tal como había sugerido la Secretaría General de la OEA. El Tribunal Constitucional falló que la disolución del Congreso y la convocatoria a elecciones no presentaba vicios de ilegalidad. Las elecciones convocadas en poco tiempo fueron exitosas y así los problemas de la democracia peruana fueron resueltos como debe ser: con más democracia.

A diferencia de Perú, en el caso dominicano no fue un elemento político sino un defecto técnico el que puso en jaque al sistema electoral. La misma mañana de las elecciones municipales, cuando ya se había iniciado la votación, se decidió suspender los comicios debido a problemas relacionados con el sistema de voto electrónico. La Junta Central Electoral había decidido que para las elecciones del 16 de febrero se utilizara esta nueva tecnología en 18 distritos que reunían ni más ni menos que el 62% del padrón. Sin embargo, la autoridad electoral implementó un proceso de incorporación de tecnología con empresas que no tenían trayectoria en materia electoral y sin realizar todas las auditorías previas que corresponden. El resultado no tardó en llegar. A las 11 del domingo electoral los comicios fueron suspendidos. Luego, la propia autoridad electoral solicitó a la OEA una auditoría del sistema, la cual reveló que no había habido sabotaje ni intento de fraude, y que la causa raíz del problema correspondía a un defecto del software utilizado. Un mes después, tras un diálogo abierto con partidos políticos y sociedad civil y recurriendo al voto manual, las elecciones se llevaron a cabo con éxito y en tiempo récord. De nuevo los problemas de la democracia se resolvieron con más democracia.

En estos meses complejos hay que resaltar el caso costarricense. No sólo organizaron perfectamente sus elecciones locales, sino que también iniciaron los debates para limitar la reelección indefinida de alcaldes, recomendación reiterada de las misiones de observación electoral de la OEA.

Nuestro recuento cierra con las elecciones generales de Guyana. A más de dos meses de celebrados los comicios, aun no conocemos los resultados. Esto debido a que no se quiso concluir, de manera transparente y abierta, el conteo de votos en el mayor distrito del país. La misión de la OEA, encabezada por Bruce Goulding y Francisco Guerrero, de forma valiente, denunció este hecho.

Los casos reseñados dejan en evidencia que, a pesar del progreso de las últimas décadas, los procesos electorales latinoamericanos aún enfrentan obstáculos importantes. En los próximos 18 meses tendremos elecciones sumamente complejas en la región. El avance de la pandemia hizo que se reconfiguraran los cronogramas previstos. Más de 50 elecciones fueron reprogramadas en el mundo. En nuestro continente ha pasado con las departamentales y municipales de Uruguay previstas para el 10 de mayo, con las de primarias y departamentales de Paraguay del 12 de julio y 8 de noviembre respectivamente, con el plebiscito de Chile del 26 de abril y con las generales de Bolivia del 3 de mayo. Además, 2021 comienza con las generales de Ecuador y Perú, elecciones que a primera vista revisten mucha intensidad.

En definitiva, el contexto actual, marcado por la pandemia y la crisis económica global, es el caldo de cultivo perfecto para que un proceso electoral defectuoso devenga en una crisis política profunda. Todos nuestros esfuerzos deben encaminarse a evitar que esto suceda y para ello es fundamental el compromiso de las autoridades electorales, de las candidatas y candidatos, de partidos políticos, de la ciudadanía y de las organizaciones regionales e internacionales que bregan por la promoción democrática en el continente. Todos estos esfuerzos deben evitar que la democracia y las elecciones formen parte de la población de riesgo de esta amenazante pandemia.

Nota publicada en Infobae

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